10 de agosto: primer grito de independencia

Un día como hoy, la Audiencia de Quito se transformó en un Estado soberano. Aquel 10 de Agosto de 1809 se instaló la primera junta soberana y se nombraron a sus autoridades. Tras ese logro estuvieron las élites, pero también el pueblo. Allí se sumaron todos los siete barrios que tenía la ciudad: San Roque, San Blas, Santa Bárbara, San Marcos, Santa Prisca, San Sebastián y Catedral Central (abarcaba todos los alrededores del templo), apunta Patricio Guerra, cronista de la Ciudad. El aporte de las barriadas no fue nuevo, mucho antes ya tuvieron sus devaneos con la rebelión; por ejemplo, en la Revolución de las Alcabalas, entre 1592 y 1593; luego en la Revolución de los Barrios de Quito, en 1765, agrega el Cronista. Y da un dato más, entre 1700 y 1803 en la Audiencia de Quito se dieron 45 revueltas populares. Pero la del Primer Grito de Independencia tuvo mayor repercusión y así se dejó sentado en el acta que se redactó aquel día. Cierto es que los criollos desempeñaron el papel de vanguardia, quienes hicieron los planteamientos teóricos y conceptuales, apunta el historiador Juan Paz y Miño. Pero esa elite estuvo apoyada por los barrios. En esa participación, aclara el Cronista, las clases bajas buscaban reivindicar sus derechos: “Los indígenas ansiaban la abolición de tributo, la minoría negra anhelaba la carta de libertad y los mestizos, tener una mejor escala social”. Agrega que la participación popular en el 10 de Agosto de 1809 fue actuar de correos, llevar las armas… Después, en la masacre del 2 de Agosto de 1810, “ese aporte se volvió más desenfadado, porque Quito fue sitiada por tropas extranjeras y hubo escasez de alimentos, sobre todo de sal”. Incluso comenzaron a fabricar ‘balas de cerámica’ (bolas de lodo que eran puestas al fuego). Es que, como acota Carlos Landázuri, historiador y docente de la Universidad Andina, los batallones de Lima se tomaron Quito y asentaron su poder, de tal suerte que unificó al pueblo de Quito no tanto en contra del rey de España sino para frenar la fuerza de ocupación. Y se despertó el espíritu levantisco de los barrios. Todos participaron en esa gesta porque, como dice el historiador Jorge Moreno, “la élite tenía sus redes sociales e incluía gente de todos los sectores. E inconscientemente se formó parte de la red social de la clientela y fue forzando afecto en la ciudad pequeña”. Sin embargo, la tradición habla de que San Roque fue el que lideró la más emblemática de esas sublevaciones y de eso se siente orgullosa su barriada, asegura Luis Alberto Valverde, miembro de la Asamblea de Quito en representación de San Roque. “Desde la Colonia tuvimos hitos; en el sector se asentaron los indios, los negros, los cholos, los criollos y los españoles pobres. Y participaron en contra de las revoluciones de las Alcabalas y del alcohol…”, acota. Un hecho más que da cuenta el Cronista: “San Roque convocó a los barrios de Quito al Convite, el 15 de Noviembre de 1810, unos meses después de la masacre. Y allí se invitó a levantarse en contra de la opresión y a romper el yugo”. De ese legado libertario poco o nada conocen los vecinos de San Sebastián, otro de los barrios que también tuvo un papel vital en el proceso del Primer Grito de Independencia. La frase es de Mercy Mora, líder de ese sector del Centro de Quito. Agrega que su zona va perdiendo la memoria, olvidando que fue cuna de patriotas y que los vecinos de aquel entonces escondieron en sus casas a otros patriotas que huían de la matanza. Esa pérdida de identidad es por dejadez y poco amor propio, acota. Para evitar esa desmemoria, en San Blas se retomó la celebración de esta fiesta patria, casa en casa. Porque, comenta Juan Carlos Rojas, presidente de este punto, la idea es empoderar a la vecindad sobre la historia de su barrio. Esas actividades las realizaron hace dos años, de la mano de la dirigencia barrial y de los estudiantes de la carrera de Turismo Histórico de la Universidad Central del Ecuador (UCE). Todos disfrazados de personajes de la época contaban a los vecinos que San Blas existe desde el siglo XVI y que su gente apoyó la gesta libertaria. También que se convirtió en una especie de barrio abastecedor de alimento a los insurgentes, es más -apostilla el Cronista- “las mujeres indígenas de esos lares tuvieron un papel determinante, pues armadas con palos y cuchillos castigaban a los realistas”. Unos más que otros, pero la vecindad de esos siete barrios libertarios guarda la memoria de su estirpe, agrega Paz y Miño. Lo que falta, apunta Guerra, es la promoción para que la juventud sepa que sus antepasados tuvieron un caudal levantisco, que tuvo gran incidencia en la historia.

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